Mujeres de la independencia, La Güera Rodriguez

Estamos acostumbrados a escuchar de Josefa Ortíz de Dominguez “La corregidora”, pero no fué la única mujer en el movimiento insurgente:

María Ignacia Javiera Rafaela Agustina Feliciana Rodríguez de Velasco y Osorio Barba Jiménez Bello de Pereyra Hernández de Córdoba Solano Salas Garfias mejor conocida como María Ignacia Rodríguez de Velasco o llamada de cariño como la Güera Rodríguez.

Fue una de las mujeres que luchó a lado de la causa insurgente de la Nueva España. También fue considerada como una de las más hermosas mujeres de aquel Virreinato antes de su independencia.

Se caracterizó por mantener relaciones amorosas con varios personajes famosos de aquella época como Agustín de Iturbide, Simón Bolívar o Alexander von Humboldt.

Nació en la ciudad de México el 20 de noviembre de 1778, hija del matrimonio entre Antonio Rodríguez de Velasco y María Ignacia Osorio Barba y Bello Pereira, conocida en la sociedad novohispana por su belleza y agudo ingenio. Guillermo Prieto, cronista de la época decía: “La Güera no sólo fue notable por su hermosura, sino por su ingenio y por el lugar que ocupó en la alta sociedad”

En sus años posteriores, María Ignacia, muy a menudo tuvo amantes y esposos. A través de la intercesión del virrey Juan Vicente de Güemes y del obispo, se casó con José Jerónimo López de Peralta de Villar Villamil en septiembre de 1794, quien más tarde la golpeó, acompañado de un impacto de bala que no atinó, razón por la cual ella lo acusó de intento de asesinato el 4 de julio de 1802. José Jerónimo la acusó posteriormente de cometer adulterio con su compadre, el canónigo y doctor José Mariano Beristáin y Souza y solicitó la intervención de los tribunales de la Nueva España y la anulación del matrimonio, aunque murió en 1805 antes de obtener el divorcio. De este matrimonio nacieron cuatro hijos. Contrajo matrimonio por segunda ocasión con Mariano Briones, un acaudalado anciano, quien también murió unos meses más tarde, víctima de un enfriamiento: María Ignacia heredó su fortuna. Se casó nuevamente, esta vez con Manuel de Elizalde con quien permaneció hasta su muerte.

María Ignacia, durante sus tiempos de amores, apoyó la causa insurgente con su dinero y relaciones Su posición en la esfera de la aristocracia novohispana, le permitía conocer los movimientos de las fuerzas realistas y proveía de información a los insurgentes, las tertulias eran su fuente de información y por tratarse de una distinguida dama, pocos eran los aristócratas que se negaban a asistir.

Fué acusada de herejía por defender la independencia y por haber mantenido trato con el cura Miguel Hidalgo y Costilla, y llevada ante el tribunal de la Santa Inquisición, el 22 de marzo de 1811, donde también le acusó Juan Sáenz de Mañozca, de inclinación al adulterio. Los cargos se levantaron por falta de pruebas, después de que María Ignacia argumentara en su defensa sacando a relucir la moralidad y orientación sexual del inquisidor. Después de su audiencia, el virrey Francisco Javier de Lizana y Beaumont la exilió en Querétaro por un corto tiempo.

Sus últimos años los dedicó a la devoción religiosa en la Tercera Orden de Franciscanos. Después de su muerte, su marido se hizo sacerdote

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